Nuestro condicionamiento nos hace sentir y creer que no acabamos de encajar, que nos falta algo. Cuanto más intentamos encajar en el mundo que nos rodea y agradar a los otros, creyendo de algún modo que el que nos acepte el otro es una validación de nuestro potencial, más empezamos a distanciarnos de nuestra auténtica naturaleza.